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martes, 16 de junio de 2015

Escrito por: Humberto Campodónico
Publicado en el diario La República*
 Lunes 15 de Junio del 2015

  LECCIONES DEL TRIUNFO DE PERUPETRO EN EL CIADI

Ha pasado casi desapercibido un hecho fundamental, acaecido la primera semana de mayo. Se trata del triunfo de Perupetro contra el Consorcio Camisea (CC) en el Tribunal del Banco Mundial por la reexportación de Gas Natural Licuado en el 2010. Por ello el Perú va a recibir US$ 62 millones no pagados por el CC. La cosa es así. Repsol era la empresa encargada de vender el Gas Natural Licuado (GNL) que se produce en Pampa Melchorita, Cañete, de propiedad de Peru LNG. La cuestión es que el destino final de 10 embarques del GNL en el 2010 no fue el puerto mexicano de Manzanillo –donde el gas se paga a un precio superbarato– sino que fue re-exportado a otros destinos donde el precio del GNL es entre 4 y 5 veces superior al Henry Hub (HH, precio de EEUU y también de México). 

 Eso se mantenía oculto, pues en el Perú el CC daba como destino el puerto donde se pagaba HH. Como consecuencia, la regalía de 37% que el CC le pagaba a la Sunat no consignaba el precio verdadero sino el ficticio (HH). Pero funcionarios de Perupetro comenzaron a sospechar. Y se contrató a la empresa Galway para que investigue. A fines del 2011 Galway presentó un lapidario informe: el destino final del gas no fueron los puertos Freeport, Sabine Pass y Cameron de EEUU. No. El gas peruano se había reexportado a otros países. Perupetro, entonces, notificó al CC esta irregularidad, la misma que podía calificar como “incumplimiento de contrato”.

 Finalmente, Perupetro le planteó al CC que debía devolver al Perú los montos de la regalía no pagada. El CC decidió acudir al CIADI (Tribunal de Arbitraje del Banco Mundial) en Washington. Después de 3 años de análisis, esto dijeron los 3 árbitros del CIADI (1): “El Tribunal Arbitral decide por unanimidad que existe una obligación del Contratista de entregar la información a Perupetro respecto del terminal de última descarga, es decir, aquella donde se llevará a cabo el consumo final del gas del Lote 56 y pagar la regalía pactada, basada en el mercado de consumo final” (Art. 216). Añade: “El TA decide por unanimidad que el Consorcio incumplió con las obligaciones de calcular correctamente la regalía pactada para los 10 cargamentos objeto de la disputa, ya que aplicó el marcador correspondiente al terminal de descarga que no fue aquel en donde se realizaría el consumo final real del gas natural” (Art. 217). 

 Más claro ni el agua. Perupetro ganó un partido clave en las “grandes ligas”. Felicitaciones a sus funcionarios, en todos los niveles. Y, también, a los estudios de abogados, aquí y en el extranjero, que defendieron los argumentos peruanos. Por el contrario, nuestras críticas van centradas, sobre todo al CC que, como dice el Tribunal, “sabía o debería saber” que el destino final eran mercados con marcadores de mayor valor, como el Reino Unido, India, Japón, España y Brasil. Dicho de otro modo, nos estaban “haciendo cholitos”. ¿Y la prensa “concentrada” ha sacado algún editorial sobre este tema? Sabemos la respuesta. Este fallo tiene muchas más vueltas de tuerca. Por ejemplo: si en Perupetro no se hubieran “puesto las pilas”, las pérdidas serían mayores.

 Desde el 2011 hasta acá han habido 99 embarques más a México y suponemos que se ha pagado el precio barato del HH. Si la mitad de estos embarques se hubiera reexportado, eso habría significado pérdidas cercanas a los US$ 300 millones. Hay más. Se acaba de saber, a principios de junio, que Shell (que compró a Repsol sus derechos para exportar el gas en el 2013) ha estado haciendo lo mismo que Repsol en el 2011 (2), según un funcionario de Perupetro. Sin embargo, poco después, el presidente de Perupetro, Luis Ortigas, dijo que lo que había sucedido era que Shell había vendido el gas en México, pero no al precio bajo del Henry Hub, sino a un precio bastante mayor. Agregó Ortigas que eso no significa incumplimiento del contrato y que se está en conversaciones con Shell para que pague la diferencia (ídem).

  ¿Eso nomás?

El fondo de la cuestión aquí no es solo que Shell no le dijo a Perupetro que vendía en México a mayor precio, sino que el Estado peruano no tiene injerencia en los contratos de exportación del gas, debido a que no es el dueño de la molécula. Esto porque el Art. 10 de la Ley 26221 de 1993 establece que el dueño es el licenciatario, previo pago de la regalía. Allí está la madre del cordero: no tenemos la propiedad de los recursos naturales. Pero todavía hay más: la Comisión Federal de Electricidad de México tiene el contrato con Shell para comprar el gas al precio HH, como sabemos. Pero también la CFE firmó contratos en el 2013 y el 2015 para comprar gas a precio “spot” a Trafigura y British Gas, pagando US$ 15 a 16 por millón de BTU, mientras que el HH está en US$ 3 por millón de BTU. O sea, la CFE compra a precio “de regalo” al Perú y caro a otros “traders”. Aunque usted no lo crea (3). Es hora de que esto termine. El triunfo de Perupetro en el CIADI debe significar el primer paso para que Perú recupere la propiedad de la molécula, lo que pasa por la derogatoria del Art. 10 de la Ley 26221. ¿No es cierto? 

 (1) Ver el fallo completo, en español, en:

http://www.italaw.com/sites/default/files/case-documents/italaw4284_0.pdf (2) http://www.reuters.com/article/2015/06/03/peru-shell-lng-idUSL1N0YP02J20150603 (3) Ver www.cristaldemira.com, 30/09/2013.


 (*)Ver publicación en:

http://larepublica.pe/impresa/opinion/7844-lecciones-del-triunfo-de-perupetro-en-el-ciadi

miércoles, 11 de abril de 2012

EL GASODUCTO DEL SUR*

Pedro Pablo Kuczynski.
*Publicado por: Diario Correo, Domingo 8 de Abril de 2012

El Gasoducto que iría de Camisea hasta Ilo o algún otro punto de la costa sur del Perú es un proyecto muy importante.

Transformaría el patrón energético en una región con mucho crecimiento económico, pero también mucha pobreza y bastante volatilidad política.

Como todo proyecto pionero, esta inversión futura genera controversia. Así fue con el ferrocarril transcontinental en Estados Unidos hace casi 150 años; así fue con el Canal de Panamá, y así también ha sido con el ducto que trae el gas de Camisea hasta Lima. Los argumentos en contra del proyecto son bien conocidos:

1° Su alto costo, que se estima en alrededor de $4,500 millones, bastante más de la estimación original;

2° El hecho que ni la ingeniería básica está hecha ni la ruta está trazada hace que los estimados de costo sean muy preliminares;

3° No hay un contrato para la venta del gas desde un lote cercano a Camisea (los lotes 57 y 58 de Repsol y de Petrobras) y tampoco hay un gran comprador final, que asegure la viabilidad económica del ducto. Las reservas de los lotes 57 y 58 aún no se conocen, pero los indicios son promisorios.

Sin embargo, todos estos problemas se pueden resolver con el tiempo.

Se ha mencionado, desde altas esferas del gobierno, que Petroperú y Cofide podrían poner capitales para adelantar el proyecto mientras estos otros temas se aclaran.

Ciertamente no hay una objeción fundamental a que haya una participación minoritaria del gobierno en el ducto, pero también tenemos que pensar que es fundamental tener el trazado y los costos bien definidos antes de empezar. Y además, hay muchas otras inversiones prioritarias que necesitarán en algún momento un apoyo del sector público. En el mismo sector de hidrocarburos, por ejemplo, está la necesaria refacción de la refinería de Talara, la cual no se podrá hacer si no hay un socio conocedor del negocio y con capitales suficientes. Y no podemos olvidar todos los proyectos de infraestructura esenciales como agua potable, caminos vecinales y electrificación rural.

Ahora vamos a lo positivo. Hay dos beneficios importantes. Primero, dotar de disponibilidad de gas a los usuarios del Cusco urbano, de Juliaca y Puno, y de Arequipa y sus alrededores. La disponibilidad del gas también permitiría la industrialización de minas grandes en la región, como por ejemplo Las Bambas en la frontera de Apurímac con el Cusco, Tintaya en Cusco, Cerro Verde en Arequipa, y la misma Refinería de Ilo, la industria más importante del sur del Perú que hoy no tiene acceso a gas natural.

Segundo, el ducto permitiría la creación de un complejo petroquímico en las cercanías de Ilo. El gas de Camisea no sólo tiene un alto contenido de líquidos (que permiten crear gas licuado de petróleo o GLP, destilados y otros combustibles) sino también de etano, componente básico de la industria petroquímica. El gas de Camisea tiene uno de los contenidos más altos de líquidos y de etano en el mundo. De ahí la conclusión lógica que es la viabilidad de un gran complejo petroquímico, que pondría al Perú en el mapa industrial de Sudamérica, junto con la Refinería de Ilo, la planta de licuefacción de gas en Melchorita y las nuevas plantas de etanol de caña en el norte. El polo petroquímico le daría al gas un valor agregado importante, sin contar la inversión enorme en equipos (muchos de los cuales se pueden fabricar en el Perú) y mano de obra para el montaje de las diversas plantas que estarían en el complejo petroquímico.

Claro, toda esta inversión cuesta mucho. Al principio se habló que el ducto costaría $2,000 millones. Ahora se habla de más del doble. El polo petroquímico, para tener escala suficiente, significa una inversión de por lo menos $15,000 millones. Es un proyecto que genera enorme entusiasmo, pero que al mismo tiempo requiere buena planificación financiera e ingeniería de primer nivel. Para ello, se necesita que el sector privado ponga todo el capital de riesgo y haga el trabajo necesario con el claro apoyo del gobierno. Sin la compra de gas por parte de un gran usuario en el sur no se podría iniciar una verdadera planificación del proyecto. Esa es la condición esencial para gasificar el sur del Perú.