martes, 5 de febrero de 2019

LA RENTA PETROLERA EN PERÚ Y BOLIVIA


GRANDEZAS Y MISERIAS EN EL SECTOR DE HIDROCARBUROS
ESCRIBE : JORGE MANCO ZACONETTI

En la segunda semana de febrero se reunirán las delegaciones de los gobiernos de Perú y Bolivia del sector hidrocarburos para intercambiar experiencias, información, y estudiar las posibilidades reales de las inversiones de la petrolera estatal boliviana YPFB en una serie de rubros que van desde el abastecimiento de gas licuado de petróleo (GLP), tendidos de ductos, participación en la distribución de gas natural en ocho provincias del centro del país, en tanques de almacenamiento, y hasta en una planta de licuefectación de gas natural en Ilo (Moquegua), para la exportación a terceros países.
En principio, debemos reconocer que estamos ante dos modelos alternativos de explotación de los recursos hidrocarburíferos. Por un lado un modelo liberal, de oferta y demanda donde el estado peruano ha renunciado expresamente a la titularidad, a la propiedad sobre las “moléculas” del petróleo, gas y líquidos de gas natural.
Este modelo de “libre mercado” vigente en el conjunto de la economía, y especialmente en el sector de hidrocarburos se instauró en el Perú desde la Constitución de 1993 y la ley de hidrocarburos actual, donde se asume que los precios de los combustibles por ejemplo se determinan por la oferta y demanda, cuando en verdad se rigen por las leyes del mercado oligopólico, donde pocas empresas, las más fuertes concertan y controlan el mercado.
En esa lógica llevada al extremo, las autoridades del gobierno peruano no podrían impedir las inversiones bolivianas en nuestro país, de abastecer con seguridad y respeto al medio ambiente a precios atractivos el gas natural  (GN) y el gas licuado de petróleo (GLP) en el mercado nacional.
En verdad, con los precios de los combustibles vigentes en nuestro país, la estatal boliviana YPFB espera obtener importantes beneficios, pues el mercado peruano de combustibles gracias a sus distorsiones es altamente rentable tanto en la producción como en la distribución.
Es más, legalmente YPFB no debiera tener ningún impedimento, pues cualquier persona jurídica, una empresa que tenga los capitales necesarios y dispuestos para invertir, puede explorar y explotar hidrocarburos, transportar, refinar, distribuir de forma mayorista y minorista combustibles, según la ley de hidrocarburos que rige en nuestro país.
EL MODELO BOLIVIANO
De otro lado, el modelo boliviano que podría ser tildado de nacionalista, estatista y hasta de populista pero que ha sido efectivo para los objetivos del gobierno de Evo Morales desde mediados del 2006 a la fecha, dando estabilidad a un país que cambiaba de presidente cada año.
Es decir, como hemos venido sosteniendo en varios artículos, en Bolivia gracias a la nacionalización sobre los hidrocarburos, el país altiplánico ha tenido en la explotación del gas natural una palanca para su desarrollo reduciendo significativamente la pobreza, disminuyendo las brechas sociales en un país que en los últimos tres años ha liderado el crecimiento económico de los países de América Latina.
Es más, con mayores ingresos fiscales de la  renta petrolera que captura en relación al estado peruano, con una creciente masificación interna que integra a las principales ciudades, y una industrialización con mayor valor agregado, teniendo como protagonista central a la petrolera estatal YPFB.
Todo ello ha sido posible con la nacionalización de los hidrocarburos, donde la petrolera estatal boliviana comercializa el 100 % de los hidrocraburos tanto en el mercado interno y externo. Siendo el estado el titular, propietario sobre los hidrocarburos de los cuales puede disponer plenamente a diferencia del estado peruano.
RENTA PETROLERA
Por definición la renta petrolera es la diferencia entre el precio internacional de los hidrocarburos como el petróleo y los costos internos de producción. Esta diferencia o excedente siempre ha sido materia de conflicto, pues los capitales presionan por los más altos márgenes de utilidades frente al estado y los trabajadores.
En el caso de los productos de la tierra como los minerales y los hidrocarburos la teoría de la renta diferencial y absoluta resulta de la mayor importancia para la capitalización o empobrecimiento de los países dotados con recursos naturales. Lamentablemente son pocos los países extractivistas en América Latina donde la explotación de materias primas generen riqueza para las mayorías.
En la práctica lo que el estado percibe de la renta petrolera, son los impuestos a las ganancias (impuestos a la renta) y las regalías por la explotación del petróleo, gas y líquidos de gas natural, que tributariamente se deducen como gasto.
Por el contrario, los capitales privados de la renta petrolera retienen las utilidades, las depreciaciones, amortizaciones, los pagos por capital de préstamos (intereses). Es más, se utilizan una serie de mecanismos tributarios para reducir la utilidad imponible, y “sacarle la vuelta” al fisco
Por último, los trabajadores del sector perciben de la renta petrolera la llamada participación en las utilidades, distribución que interesadamente se ha fijado sobre el 5 % de la renta distribuible, cuando a los trabajadores que operan en los sectores extractivos como la minería e hidrocarburos les debiera corresponder el 8 % de la renta.
De allí que la pugna, la oposición de intereses en la explotación de los recursos naturales no renovables en la historia de América Latina ha transitado por la mayor o menor participación del estado en la riqueza en representación de la Nación sobre la renta petrolera.
GRANDEZAS Y MISERIAS FISCALES
Para el caso que nos interesa en una comparación entre Perú y Bolivia, podemos afirmar que el estado del país altiplánico captura una mayor porción de la renta petrolera de los recursos hidrocarburíferos en relación al estado peruano gracias a la nacionalización del 2006.
Incluso esta mayor participación del estado boliviano sobre la riqueza ha sido reconocida por organismos multilaterales como el Banco Mundial y FMI que están libres de  simpatías socializantes o populistas.
Sin embargo, debemos señalar que esta bonanza gasífera ha llegado a su término en los últimos dos años por la depresión de los precios del petróleo dado que los precios del gas natural boliviano que se exporta al Brasil y Argentina están atados, indexados a los precios del crudo, cuestión que no sucede en nuestro país.
Al margen del tamaño de las economías estimado por el indicador clásico como el valor de la producción de bienes y servicios (PBI), pues la economía peruana sería casi cinco veces más grande y tres veces más poblada que la boliviana, con una producción de hidrocarburos más o menos equivalente pues si ellos producen más gas natural, en nuestro país se explota más petróleo y líquidos de gas natural.
Lo que interesa demostrar es el ingreso fiscal que percibe el estado peruano versus el boliviano. Para ello presentamos un cuadro resumen “Comparación de los Ingresos Fiscales Generados por la Actividad de Hidrocarburos de Perú y Bolivia” en el período 2011 al 2017 expresados en millones de dólares corrientes.
Al margen del valor de los dólares en Perú y Bolivia, el denominado “poder de compra”, pues en el país altiplánico con US $ 100 dólares se compra más bienes y servicios en relación a nuestro país, podemos concluir que el fisco boliviano percibe mayores ingresos sea por impuestos, regalías, patentes y penalizaciones en todos los años del período considerado gracias a la nacionalización.
Por el contrario, en el período 2011/2017 el estado peruano ha captado sea por ingresos tributarios como los selectivos, más el impuesto a la renta menos las devoluciones tributarias. A ello se debería sumar las regalías que percibe por la explotación de petróleo, gas natural y líquidos de gas natural.
BONANZA Y CAÍDA
Por tanto, en un año de bonanza como el 2012 cuando los precios del petróleo promediaban los US $ 100 dólares el barril, el fisco peruano percibía ingresos fiscales por la explotación de petróleo, gas y líquidos de gas natural sobre todo proveniente de los lotes de Camisea, lotes 88, y 56  la suma de US $ 3,486 millones de dólares, y el fisco boliviano US $ 4,292 millones de dólares.
En el 2015 cuando los precios del crudo se caen a los US $ 50 dólares el barril, el estado peruano percibió por la explotación de hidrocarburos apenas el valor de US $ 1,383 millones de dólares mientras el fisco boliviano capturó US $ 3,839 millones de dólares.
En el 2017 con ingresos del petróleo que promedian los US$ 52 dólares el barril prácticamente los ingresos fiscales en el Perú se mantienen sobre los US $ 1,380 millones de dólares, mientras los ingresos fiscales en Bolivia se derrumban para llegar a ser de US $ 1,860 millones.
De allí del interés de la petrolera YPFB de diversificar el mercado de las exportaciones de gas natural que por contrato están destinadas hacia el Brasil y en menor medida a la Argentina.
Ello explica también la aplicación de las políticas de valor agregado como la producción de urea y la apuesta por la petroquímica avanzada que les permitirá producir plásticos a partir del 2021, pues la industrialización del gas natural le otorga un mayor valor de mercado al producto final, todo lo contrario a nuestro país.
PRODUCCIÓN Y PRECIOS
En el 2012 en el Perú las empresas producían 1,199 millones de pies cúbicos de gas natural por día con precios en boca de pozo que no superaban los US $ 3 dólares por millón de BTU que es una medida de calor que resulta equivalente a casi 1,000 pies cúbicos en volumen.
Para que se entienda la tremenda riqueza que se concentran en las empresas productoras de gas, podemos afirmar que  aproximadamente el 50 % de un millón de BTU (US $ 1.5 dólares) resulta equivalente en términos caloríferos a un balón de 10 kilos de GLP que se vende a más de US $ 10 dólares. De allí, la importancia de la masificación de la cultura del gas natural en nuestro país, para tener un energético barato, limpio y competitivo al servicio de las mayorías.
Por tanto,  se puede estimar las espectaculares utilidades privadas que tienen plantas de fraccionamiento de líquidos de gas natural que se extraen y se separan del gas natural para procesar GLP, como es el caso de Pluspetrol, Savia, Graña y Montero en nuestro país. A ello debe sumarse las ganancias y distorsiones del precio en la cadena del envasado y distribución.
EXPORTACIÓN A PRECIOS DE OPROBIO
Debe indicarse que de la producción diaria de gas natural que promedia los 1,200 millones de pies cúbicos, aproximadamente 430 a 450 millones de pies cúbicos se exportan especialmente hacia México a precios castigados pues tienen como marcador el precio Henri Hub vigente en el mercado norteamericano, precio que desde la crisis financiera de fines del 2008 se ha tirado al piso, gracias a los extraordinarios excedentes que tiene USA gracias al gas de piedra o gas enquisto (shale gas).
Por una fórmula contractual en el contrato de exportación de gas natural proveniente del lote 56 firmado durante el gobierno de Toledo, con participación de PPK se pactó que el precio vigente en el contrato de exportación sería el marcador Henri Hub menos un 9% que hacia el 2004/2005 se mantenía sobre los US $ 10 dólares el millón de BTU, por  ello en ese entonces, el contrato de exportación era percibido apetitoso y rentable para las empresas consorciadas en Perú LNG (Hunt Oil, SK de Corea, Repsol etc.)
Sin embargo, con el derrumbe del precio del gas natural en USA el marcador Henri Hub se tiró al piso y desde esa fecha hasta hoy no supera los niveles de US $ 3 dólares el millón de BTU, con el abono de regalías miserables para el fisco peruano, por la aplicación de la fórmula del “net back Price” (precio hacia atrás)
Por ello, las empresas reexportaban el gas de México hacia otros mercados más rentables, con ello le sacaban la vuelta al estado peruano, pues las regalías que debían pagar se fijaban sobre los precios de oprobio y no sobre los precios finales, como los vigentes en Corea del Sur o Japón que en algún momento se fluctuaron sobre los US $ 15 dólares el millón de BTU
Lo cierto y evidente es que los precios del gas natural de exportación del lote 56 debieran revisarse, como debiera renegociarse un contrato lesivo a los intereses del país, para promover una genuina masificación de la cultura del gas natural.
Por el contario en Bolivia gracias a la nacionalización de los hidrocarburos, los precios del gas natural para la exportación están amarrados al precio del petróleo, por ello en promedio los precios que percibe la estatal petrolera boliviana YPFB fluctúan sobre los US $ 5 a 6 dólares por millón de BTU, precios que duplican a los vigentes en nuestro país, y de lejos superan los precios base del gas de exportación US $ 0.52 centavos de dólar por millón de BTU.
Si a ello se suma que las tasas de regalías en el vecino país promedian el 50 % al margen del impuesto a la renta, mientras en nuestro país solamente las regalías de los hidrocarburos del lote 88 abonan el 37.24 %, mientras las regalías del lote 57 son equivalentes a una tasa de 5 %, y las regalías aplicadas al lote 56 tienen una fórmula especial que pueden ser del 38 % sobre un precio mínimo de US $ 0.52 centavos por millón de BTU, es decir se cobra una regalía de oprobio que este gobierno se comprometió a renegociar.
LGN MÁS CRUDO
Si bien Bolivia en el 2017 produce un poco más de 2,000 millones de pies cúbicos diarios, y 59,326 barriles diarios entre petróleo y líquidos de gas natural según la información proporcionada por la Agencia Nacional de Hidrocarburos de Bolivia, con lo cual ha masificado la cultura del gas imponiendo un modelo de valor agregado al servicio de las mayorías bolivianas.
En cambio en nuestro país producimos para mismo año 1,252 millones de pies cúbicos, se reinyectan más de 300 millones de pies cúbicos diarios en el lote 88, pues el negocio rentable, el lomo fino es la producción de líquidos (LGN) que tiene referentes internacionales, mientras el precio del gas natural del lote 88, es un precio regulado, barato que mayormente es aprovechado en un 70 % por un cogollo de empresas eléctricas, que queman gas barato y venden energía cara.
En resumen, en un nuevo modelo de acumulación donde el estado peruano recupere la soberanía sobre los recursos naturales como los hidrocarburíferos (petróleo, gas y líquidos de gas natural), podremos aumentar la participación del fisco en la renta petrolera, masificar la cultura del gas natural a lo largo y ancho del país e industrializar un recurso al servicio del desarrollo del país.







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